Judge Lawrence Huerta: Enriching Our Lives
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Enriquezca Su Vida

Por C. Lorenzo Huerta
©1968.

CAPITULO XIV:
"LA VIRTUD DE LA PACIENCIA"

"La observación y la experiencia me han enseñado que todo hombre tiene que pasar a través del fuego; ésto quiere decir que durante la vida hemos de experimentar gran sufrimiento o dolor; y que habremos de necesitar de toda nuestra paciencia y esperanza y de la ayuda de Dios para sobrepasarlos."

Admiro a las personas quienes, aún cuando todo les salé mal, se enfrentan a la vida, valiente, entera y activamente. Todo aquel que ha llegado a ser lo que "puede" llegar a ser, sabe lo que es sentirse golpeado y abatido por la derrota; conoce la hiel amarga del malogro tan bien como usted y yo; y puede ser que tambien él y usted hayan, como yo lo he hecho, buscado un pasaje consolador en el libro de algún gran escritor, tratando de hallar el valioso descanso que necesita para cerrar su herida; o quizá haya vuelto los ojos hacia el alma afín en quien poder vaciar sus tribulaciones, esperando recibir el balsamo solícito de la amistad. ¿Es verdad o no que existen días en los que uno es incapáz de señalar el motivo preciso causante de la tristeza de ese momento? Para levantar su ánimo entonces, tal vez le ayude el siguiente recordatorio: si ha tenido victorias anteriormente, es seguro que las obtendrá de nuevo, ¿porqué no?, bajo la ley de compensación si la porción de hoy es de tristeza, la de mañana será de regocijo; si en el día de hoy existe pérdida, ya mañana habrá ganancia; nadie puede ir luchando constante y valientemente sin llegar a obtener la victoria algún día; reúna todos los esfuerzos posibles y marche con fortaleza hacia su gran turbación. Lo que todos necesitamos es practicar, le tiempo en tiempo, el alarde en nosotros mismos, si es que ésto dá vigor a nuestro ánimo decaído.

Seguido encontrará que los reveses del ayer ahora son sentidos cual plumero, comparados con el mazazo de los actuales. Se dará cuenta que el golpe terrible y desfalleciente de ayer es sobrepasado por el de hoy. No importa cual haya sido la amargura pasada, siempre hay una más grande por venir; y así habremos de concluir el día, probando una y otra vez; pero no desfallezca, le aseguro que llegará el día en que habrá de triunfar y ya no tendrá que probar. El sol brillará y todas las aflicciones e inquietudes habrán de transformarse en victorias, porque la vida es así.

Tal vez haya experimentado momentos de desaliento y con seguridad los tendrá de nuevo; tal vez piense "Para qué -- ya he probado y he fallado." Si sucumbe, todos los demonios en el infierno estarán rugiendo de gozo, porque ellos saben lo que pueda ser que usted no haya tomado en cuenta: que las fallas fueron el resultado de esos días en que dejó de tratar de hacerlo; el éxito es consecuencia de los días en que uno ha tratado, esforzándose valientemente.

La vida es así, repito; seguido obtenemos nuestra copa de amargura cuando más valientemente luchamos y nuestras victorias cuando hemos aflojado el paso. Puede que recordemos sólo aquellos días y olvidemos conectar su efecto con los actuales resultados.

En los días en que trataba de obtener dinero para poder volver a la escuela, vendí Pólizas de Seguro en Bisbee y Douglas, una bella región escénica en el sur de Arizona, tocando la frontera Mexicana. Creo que fué ahí, donde verdaderamente aprendí el valor de la paciencia y fortaleza. Este evento irónico me sucedió allá. Me encontré con un hombre quien mostraba un precario interés en adquirir una aseguranza de accidente y de salud. Era amable y cortés, permitiéndome gastar una gran parte de mi tiempo hablándole acerca de los méritos de la aseguranza que yo trataba de venderle, mientras él, afanosamente, escarbaba un hoyo bastante grande, donde pensaba transplantar un árbol. Yo hablaba y él me escuchaba, mientras la tarde pasaba. Por fin, el crepúsculo empezó a caer cual velo de las montañas y el caballero decidió que no podría trabajar más, ya que se hacia obscuro para ver. Dejó su herramienta, y con gracia me acompañó hasta la puerta frontal de la entrada; sus palabras de despedida fueron por demás descorazonadoras para mí. Dijo que aunque yo sonaba casi convincente, aún creía que no debía gastar su dinero en aseguranzas, ya que él era extremadamente saludable y hombre cuidadoso. Un poco desalentado, le pregunté si lo consideraría de nuevo, permitiéndome volver a la semana siguiente para saber si seguía pensando igual; muy bien dispuesto recibió la sugestión mía y con la perspectiva de un futuro convenio, me despedí. A la semana siguiente regresé; apenas había llegado al frente de la casa, le ví sentado en el portal; una de sus piernas estaba dentro de un macizo molde de yeso, extendida sobre una silla. Me contó que después de que lo hube dejado aquella noche, regresó al hoyo que había estado cavando, con el fin de recoger y guardar la herramienta. Que estaba tan obscuro para entonces, que no vió el foso abierto en el sendero y cayó en él, quebrándose la pierna. No es necesario decir que entonces se convenció del valor de la aseguranza contra accidentes y me la compró.

Es en verdad necio perder la paciencia y dejar de insistir. No importa cuán obscura sea la nube que le ensombrezca, persevere con entusiasmo, con vehemencia, enérgicamente, hasta que los demonios, desconsolados busquen una más fácil víctima.

Infinidad de veces se ha repetido que la paciencia es una de las más brillantes virtudes, sin embargo, al primer contratiempo que nos ocurra será inmediatamente puesta a prueba, porque (1) sentimos que la acción debe de ser tomada rápidamente si ha de ser efectiva; ésto, claro está, es una suposición equivocada; (2) creémos que el asunto ha de enfriarse si no actuamos en él inmediatamente -- y en el mejor de los casos, quizá sea mejor dejarlo enfriar antes de darle seria atención, ya que entonces podremos verle más objetivamente -- (3) nos gusta creer que nuestra voluntad y obra son todo poderosas.

Cualquier decisión o acción que se tome y haga, puede convertirse en cien por ciento perfecta si está sazonada, apropiadamente, con paciencia. ¿Puede recordar en el pasado, algún momento de ira al cual no hubiera podido manejar de manera superior, si tan sólo hubiera esperado, pacientemente, hasta que su descontento se apaciguáse, permitiéndose resolver la cuestión con una mente fría y calmada? ¿Recuerda alguna agonía mortificante que no haya sido resuelta por el tiempo?

La paciencia sirve como calma momentánea a sus nervios. Es un tónico grandemente necesario a veces y el tratar de adquirirle nos toma toda la fuerza de voluntad que somos capaces de reunir, pero la recompensa es valiosa. Existe un proverbio popular que dice: "Talento es paciencia." Thomas Hardy, el poeta Ingles, la describió así: "La paciencia mezcla el valor moral con la timidéz física" -- y así es. Existe otro proverbio Español que dice: "Paciencia . . . y baraja" -- originalmente fué usado por aquellos que perdiendo en el juego de naipes, comunmente acostumbraban barajarlos en demasía.

El divino valor de la paciencia empezó mucho antes de Job y sin duda, continuará para siempre con el género humano. Aquellos que son débiles de caracter y menos capaces en el dominio propio, eventualmente serán aventados fuera por su falta de paciencia. Es el prudente paciente quien prevalecerá.

AL SENTIRSE DERROTADO, ABATIDO,

¿Influencía y aníma su pensamiento "autosugestionándose" por medio de "afirmaciones?" Es decir ¿piensa "positivamente?"

¿HA SIDO CAUTO "DE MAS" O "DE MENOS?"

¿Basa sus opiniones y decisiones sólo en conjeturas, o por el contrario, en esmerado análisis y reflexión?

AL PRESENTARSELE UN CONTRATIEMPO,

¿Espera, paciente, a conocer todos los hechos, para actuar despues con cordura y prudentemente? ¿o desaforadamente acciona, tratando de ganarle tiempo al tiempo?

CAPITULO XV