Judge Lawrence Huerta: Enriching Our Lives
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Enriquezca Su Vida

Por C. Lorenzo Huerta
©1968.

CAPITULO XVIII:
"EL ANIMO DEL ENTUSIASMO"

"Los que sienten entusiasmo por su labor nado tienen que temer de la vida. Todas las oportunidades dudes del mundo esperan a los que sienten gusto por lo que hacen."

-- SAMUEL GOLDWYN
"Estudiando la vida de grandes y famosos personajes, hombres y mujeres, descubro que aquellos que llegaron a descollar fueron los que emprendían todo trabajo que les tocase hacer con todo el vigor, energía y entusiasmo de que eran capaces."
-- HARRY TRUMAN

A lo largo de mi vida, he visto que infinidad de cosas han sido alcanzadas por medio del entusiasmo. Personalmente puedo decir que la mejor tarea ejecutada en mi vida, fué sostenida y lograda a través de su fuego.

El entusiasmo es una luz mental interior, por lo tanto, su brillo no es superficial sino que emana de dentro. El origen literal de la palabra nos viene del griego y significa "poseído por "Dios" -- en, dentro y tusias, Dios -- es decir "Dios dentro" y no cabe duda que así ha de ser, ya que analizándole podemos descubrir en él ciertas cualidades que sólo son dotes de Dios: provée, sin merma propia; ilumina sin disminuir su irradiación; elimina el mal del pesimismo sin menoscabo alguno de su optimismo.

De las cualidades de la personalidad, es la del entusiasmo la que, sin duda, paga un interés mayor. Es el elemento escencial para triunfar en cada cosa; la luz que guía; es la virtud que levanta más y mas al hombre en su lucha; hace placentera la tarea, proporcionándonos paciencia para la dificultad; produce la urgencia de crear. . . y crear significa adquirir algo de la nada -- así que el poseerle, debe pagar ¿no lo cree usted así?

El entusiasmo es una emoción irreprimible y si observa con detenimiento a sus semejantes, notará que el contenido de este sentimiento en cada uno es exudado en su apariencia física, revelándose de esta manera el monto existente en cada quien. Frecuentemente le sorprenderá descubrir que entre los adultos es más frecuente encontrar a aquellos que carecen de él, mostrándolo en su postura, en su expresión facial, en sus acciones. Sus felices poseedores, rápidamente atraen la atención; sub subyugan como con poderoso magnetismo; se convierten en líderes por la escencia que transmiten a quienes les rodean; a nadie le interesa seguir a un ser momificado o a un "agua fiestas." La persona falta de él es inatrayente e insolicitada.

Por cinco años y medio serví como consejero al pueblo Navajó. Me encariñé bastante con ellos y me interesó el conocer y estudiar sus actitudes y costumbres, las cuales, desafortunadamente, han sido corrompidas por el hombre blanco. Durante el tiempo que estuve entre ellos -- 1955 a 1960 -- la tribu obtuvo millones de dólares en contratos de aciete; usted supondrá por ésto que su situación es magnífica ¿verdad?, no es así, y no lo es debido a su falta de entusiasmo para la adquisición, condición que deben al Gran Padre Blanco.

En la última mitad del siglo diecinueve, el pueblo Navajó fué sojuzgado por el poderoso hombre blanco y sus avaros deseos por apoderarse de todo cuanto le fuera posible de lo que en esa tierra valiera la pena. Fué entonces cuando empezó el lento exprimimiento de cada onza de humanidad existente en los indios. Fueron llevados, en lo que ahora llaman los viejos Navajos la "marcha de la muerte," desde el Norte de Arizona hasta la parte Sur de Nuevo México. Se les condujo como quien traslada una manada de ganado a través del campo, peor aún, ye que cuando alguien transporta ganado, escoge únicamente el de cierta edad, más saludable y de mayor resistencia. No sucedió así con los indios; el hombre blanco condujo absolutamente todo miembro de la tribu y la jornada probó ser de veras dura y mortal para los de edad avanzada y niños pequeños, muchos de los cuales cayeron a lo largo del camino y a muchos animales les ha sido dado un entierro más decente que el que les fué otorgado a aquellos infelices. Años después, un abrumador remordimiento hizo que el Gran Padre Blanco pensara en que debía compensarles por el castigo cruel e injusto de que había hecho víctima al indio y dispuso por tal, que el Estado los tratase amablemente, proveyéndoles cual si fuesen huérfanos indeseados; y aunque la tribu fué reinstalada en su reserva, una vez que los límites fueron definidos, lo que el hombre banco nunca les restauró fué su dignidad humana. El Gobierno Americano, como sólo él puede hacerlo, les instituyó un magnífico cuartel general, al cual se nombró "Departamento de Negocios Indios." Se les dispensa lo que ellos consideran "justicia"; se les proporciona cuidado médico; se les escucha e intenta mediar en sus quejas y disputas; se les han construido escuelas como tambien se ha cedido terreno en arrendamiento a iglesias de toda denominación imaginable, para el desarrollo de su fe Cristiana; se eliminó una gran parte del ganado vacuno (su único medio de vida, evitando así la devastación del pasto; se les prestó dinero. . . y así, un sin fin de ayuda. Después de consumado todo ésto, acallada su conciencia, el Gran Padre Blanco pulidamente se arrellanó de nuevo en su bien acolchonado sillón, sintiéndose cual Altísimo Dios -- "En el séptimo día, permitámos el descanso." Repito, que lo que nunca le ha sido devuelto al indio es Aquello que más necesita: -- su sentido de identidad como humano; el ánimo para la lucha. Hoy, al observar en acción al Gobierno de la Tribu, al atender sus ceremonias y eventos sociales, inmediatamente seremos sacudidos por el gesto de fría indiferencia, de abandono, reflejado en sus rostros, desde el más pequeño chiquitín amarra do a una tabla hasta el del más anciano miembro de la Tribu. Esa clara expresión de apatía no es sino la revelación de la carencia completa de esa inspiración divina que es el entusiasmo. Muy bien pudiera restaurárseles esa emoción por medio de un lento proceso, pero el Gran Padre Blanco es frío y no está interesado en admitir su culpa y enmendarla. Siendo el entusiasmo, definitivamente, una de nuestras auténticas características Americanas, el Indio debería poseerlo en porcentaje mayor, ya que sus raíces van más hondo en este suelo Americano que las de cualquier otro que se vanagloríe de serlo.

Y bien, siguiendo adelante, creo que debo de insistir en que, ante todo, debe desarrollarse un alto grado de confianza propia antes de que pueda sentirse esparcido por el alma y cuerpo, el bendito espíritu del entusiasmo; una vez adquirido lo primero, sentiremos, empujándonos, el ánimo de este admirable sentimiento. Emerson le llamó "la madre del esfuerzo" y dijo: "Sin éste, nada grande fué alcanzado nunca."

El entusiasmo es contagioso -- un maravilloso contagio que merece la pena ser esparcido. Hace tiempo leí esta expresiva descripción escrita por A. B. Zu Tavern: "Antes de que el agua genere vapor debe de hervir. Una locomotora no se moverá una pulgada, hasta que el medidor del vapor marque 212°. El hombre sin entusiasmo está tratando de mover la maquinaria de su vida con agua tibia. Unicamente una cosa puede suceder: que se atascará. Recuerde, el entusiasmo es la 'electricidad' en la batería; es la 'burbuja' en el vino; es el 'vigor' en el aire; es el 'calor' en el fuego; es la 'respiración' de todas las cosas vivas."

Cuando una persona falla en impresionarle ¿ha reflexionado sobre cuál podrá ser el motivo? Apuesto que en nueve de cada diez casos es, que tal persona no se mostraba convencida de ella misma, ¿cómo iba, pues, a estar entusiasmada con sus propios méritos o cualidadaes?

Recuerde que el grado de entusiasmo que contenga está evidente en su postura, (¿es ésta firme y erecta?); -- en su expresión facial: (¿muestra aplomo o zozobra?); -- en sus acciones: (¿son seguras y positivas o por el contrario, inciertas y negativas?). Es realmente difícil el poder vernos tal y cual somos vistos por los demás, pero si en verdad deseamos hacernos una idea exacta de cómo somos vistos, démonos una repentina mirada en el espejo, o examinémos algunas instantáneas que nos hayan sido tomadas desprevenidamente; pidámos a algún amigo su opinión, conclusión de una examinación objetiva suya a nuestra persona; si acaso aquella no es de nuestro agrado, no nos erizemos, "su verdad" nos ayudará a corregir la idea equivocada que tenemos de nosotros mismos.

Un trabajo efectuado con medio ardor es mediocre y ningún ser humano debía estar dispuesto a aceptar la mediocridad como su mayor esfuerzo. Para alcanzar el grado sumo de su poder, quizá necesite tener consigo mismo una "plática reanimadora," al igual que la que el instructor dá a sus jugadores a la mitad del juego; no se detenga, reconozca sus méritos y cualidades propios, repítaselos con frecuencia. No dude en escuchar ahora, como lo hizo de niño, la historia de la pequeña locomotora que ''podía''; haga suyo y practique el lema de esa máquina, mismo que la llevó hasta la cima del escarpado cerro. Repítase una y mil veces "si puedo, si puedo" y después de que haya conquistado su objetivo, tambien usted dirá con júbilo: "sabía que podía."

Convénzase de que el entusiasmo es parte importantísima. . . crea en él. Enfréntese entusiastamente a cada día e irá cada noche a gozar del reparador sueño que todo mortal desea. Piense en el triunfo con el máximo entusiasmo que sea capaz de sentir y verá al final, que valió la pena haberlo hecho así.

Si piensa que no puede -- claro que no podrá.

Si piensa que es un derrotado -- le aseguro que lo será.

Si desea vencer pero cree que no puede -- sencillamente no podrá.

Alimente en su alma el fuego del entusiasmo; nunca permita que esta flama se consuma.

¿TIENE UN ARDIENTE DESEO?

¿Confía en poder lograrlo? ¿cuáles son los obstáculos para su obtención?

SI SABE QUE ES DE MERITO,

¿Le entusiasma el emprender la lucha por alcanzarle?

¿CONTAGIA DE ENTUSIASMO A QUIENES LE RODEAN?

¿Se siente convencido de sus propios méritos, para poder así convencer a los demás acerca de ellos? ¿es su actitud optimista, entusiasta, alegre, jovial?

CAPITULO XIX