Judge Lawrence Huerta: Enriching Our Lives
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Enriquezca Su Vida

Por C. Lorenzo Huerta
©1968.

CAPITULO XXII:
"EL MERITO DE LA RESPONSABILIDAD PRO"

"Perdónate a tí mismo; Vé el bien en tí mismo. Exprésalo y espera que éste regrese a ti."

-- ROBERT BROWNING

"Permítele a tu propio YO ser verdad" -- estas sabias palabras dichas por el viejo Polonio a su hijo Laertes, deberían ser principio básico en la filosofía personal de cada quien. Shakespeare agregó: ". . . y así, tan seguro como que la noche sigue al día, que no podrás ser falso con tu prójimo."

Determine que su vida sea de tal manera que pueda estar siempre preparado para tomar el lugar correcto que le corresponde en la sociedad.

Cuantos hay que sinceramente se sienten sujetos a sus tareas diarias como mero sacrificio hacia otros -- especialmente hacia a aquellos a quienes se ama -- nunca para satisfacción propia. Deténgase y examine cuidadosamente esos sacrificios que están consumiendo su precioso tiempo y agotando sus energías; ¿son realmente necesarios? Estamos tan atrincherados con los estereotipos heredados en la sociedad y que han sido tradición a través de los siglos, que automáticamente nos movemos a sus dictados. El Dr. Eric Berne nos lo muestra clara y definitivamente en su obra " Juegos en que Participamos." La persona cuerda, prudentemente reflexionará sobre esas llamadas obligaciones. Analizé sinceramente ese sacrificio que a diario se le pide hacer: ¿contribuye a su crecimiento intelectual personal? ¿es de utilidad aún, en nuestra socieda moderna? Si no es así, mejor será que le dé una segunda y cuidadosa consideración. Para hacerle más explícito este punto, le daré como ejemplo las siguientes interrogaciones, quizá sean apropiadas en el caso suyo: ¿considera imposible el procurarse una más alta educación debido a las pequeñas necesidades de la familia? hágales que por hoy pasen esas necesidades, despues apreciarán mejor las satisfacciones; ¿se halla forzado a soportar a algún pariente o íntimo amigo caprichudo?, hágale saber en pocas pero terminantes palabras que no está dispuesto a seguir tolerando sus impertinencias. Si en verdad desea utilizar todas sus capacidades para contribuir con lo máximo a la sociedad, permítame decirle que no podrá lograrlo si lleva la vida oprimida por tiranías; podrá avanzar únicamente despues de que haya ganado libertad completa para hacerlo. No estoy aconsejando que esquive su responsabilidad, sino que defina, con razonamiento, esas responsabilidades -- las para con los demás y las para con usted, sobre todo. La sociedad señala como responsabilidad de los padres el cuidado de los hijos y claro está que así es, pero existen límites hasta dónde se extiende ese cuidado. Conozco a una inteligente mujer, quien arde en deseos de volver al Colegio; el motivo que tiene para no hacerlo es que su hijo de 18 años, demanda demasiado de su tiempo, esclavizándola por completo, ¿puede exigir la sociedad que ella como el hijo tienen derecho a una vida plena, contenta y creo que es prudente que llegasen a un entendimiento sobre este punto, para que esta mujer pueda completar satisfactoriamente su grandísimo potencial. Hasta no verlo logrado, sólo será "arrastrada" en la sociedad.

Cada quien es responsable de su propio desarrollo y considero necesario el detenernos de tiempo en tiempo para preguntarnos: ¿qué es lo que en realidad es bueno para mí? y ello ¿lo será a la larga tambien para los demás -- "Eso es egoísmo" -- dirán algunos; es verdad, pero yo lo llamaría "egoísmo constructivo." Dios nos ha dado una vida a cada quien, la cual estamos en proceso de vivirla. Unicamente en esa vida es sobre la que tenemos derecho a un absoluto control; cada uno somos completamente responsables ante Dios del desenvolvimiento de esa vida y si permitimos ser mal guiados, mal utilizados por otros, la culpa de nuestro fracaso caerá por entero sobre nuestros hombros, de nadie más. La obligación de defender y elevar esa vida pesa únicamente sobre cada quien, su dueño y debemos cumplir esa obligación aún a costa de que tengamos que aprender a decir un rotundo "no" cuando sea para protección y bien propio. Fundamentalmente todos somos egoístas y deberíamos permitirnos perder ese egoísmo sólo para contribuir con nuestras más grandes virtudes para el bien de la sociedad entera. Ante todo, nuestro deber es desarrollar esas virtudes y al darnos constantemente a otros, sólo estamos privando y obstaculizando ese progreso.

La frase "Hombre, conócete a ti mismo," grabada el templo de Delfos por los antiguos griegos, no pudo ser más acertada. ¿Qué tanto se conoce a usted mismo? ¿tiene clara noción de sus capacidades? ¿comprende y acepta que se debe a usted mismo la más grande de las responsabilidades? Si abnegadamente está sufriendo la verguenza de ser negligente en la búsqueda de su propio avance, está privándose de una gratísima felicidad; si cobardemente busca alguna forma de poder escapar al tener que encarar su responsabilidad, está cultivando su propia tragedia. Recuerde la comparación que hizo Jesús entre el hombre que construyó su casa sobre la roca y el que la hizo sobre la arena. Construya usted su vida sobre sólida roca, con cimientos firmes y podrá resistir la tormenta.

Al presente, la sociedad pide tantas y tan diferentes contríbuciones -- esperando que las hagamos -- que debemos estar en guardia y determinar la manera correcta de hacerlas. Debemos estar dispuestos a interrogar o criticar, de ser necesario, los métodos establecidos. Durante nuestra niñez se nos enseña a ser sumisos, demandándonos que seamos intrépidos; a ser modestos tocante a nuestros éxitos, pretendiendo que seamos suficientemente osados para seguir procurándolos; que nos sometamos humildemente a toda autoridad, pidiendo que aún pensemos en nosotros mismos; Esos sentimientos, al igual que muchos otros impuestos sobre nosotros, son contradictorios. Las religiones seguido hacen uso de las llamadas "moralidades" (que en un gran número resultan sólo ser trivialidades), para mantenernos en línea, infundiéndonos miedo como método de disciplina. Es de admirarse el que no seamos unos neuróticos para cuando alcanzamos la edad madura, pues mientras esa pequeña voz que habita dentro insiste en que permanezcamos leales a nosotros mismos, la sociedad demanda que actuemos falsa y santurronamente. El resultado viene a ser la conversión de un rugiente león en un miserable gatito.

¿No sería práctico alejarnos ocasionalmente dentro del santuario personal íntimo y escuchar esa pequeña voz? Unicamente así podremos definir verdaderamente cuales son nuestros más altos deseos y la capacidad que tenemos para realizarlos; soló así podremos aprender que el servirse bien y apropiadamente a uno mismo, significa servir bien a los demás; unicamente así podremos saber a ciencia cierta qué es éticamente correcto para uno. Toda persona es inherentemente buena y se empeña por obtener bondad y puede ser conducida por senderos equivocados únicamente por aquellas otras a quienes ella, sólo ella, permitió que le subordinaran. No se aparte de su verdadero YO, -- solamente usted es capaz de guiarse a lo largo del sendero correcto y apropiado.

Quizá sufra de una infancia influenciada por el ambiente, al igual que casi todos, pero es tiempo que razone sobre todas esas necias contradicciones impuestas por otros, cuyo fundamento y fuerza sólo estan basados en el temor al "qué dirán," en el miedo a la burlona y socarrona crítica ajena. No tema, estudie, analize esas "obligaciones," defínalas terminantemente y actúe como su voz interior le diga.

¡Se nos ha dicho tanto que el egoísmo es un pecado! Pero nunca se nos ha enseñado la diferencia que existe entre la vanidad barata y el egoísmo saludable, una diferencia muy digna de tomarse en consideración. La persona vana sólo busca la satisfacción de su ego, aún a costa de los demás; son personas raras e inadecuadas socialmente. El egoísmo saludable nos hace conocer los derechos y consideraciones que nos deben los demás, haciéndonos comprender que esos mismos derechos y consideraciones debemos nosotros a nuestros semejantes. Creo que esa importantísima diferencia existente entre uno y otro sentimiento, debería ser reconocida y admitida por las instituciones sociales, religiones y sociedad entera y que deberíamos inculcar en nuestros niños esa clase de egoísmo, en lugar de una carencia total del mismo, como comunmente se hace; estimo que serviría bien al propósito de ser mejores, ya que nos enseñaría a nunca buscar las satisfacciones del "ego" solamente y evitaría tambien que se desatase la lucha interna de nuestra integridad y principios contra la obligación impuesta de aparentar. Nos haría alejarnos instintivamente del propósito de alcanzar nuestras altas miras, si ello significara injuria para alguien más; nos dispondría mejor a asumir en total la responsabilidad de nuestras acciones. Las leyes podrían ser minimizadas y la sociedad podría avanzar como resultado de la gran contribución que cada uno de sus miembros haría.

No busco escribir otra "Utopía," no, únicamente deseo hacerle comprender que si acaso está estancado en la vida por el enorme peso de obligaciones equivocadas, la sóla manera de poder empujarse fuera del ciénago en que está entrampado, es eliminando primero todas esas insignificancias impuestas por la tradición y que son ejecutadas únicamente porque es lo usual; sacúdase de su yugo atormentador que está hundiéndole o cuando menos, trate de ponerlas en su verdadero lugar en cuanto a importancia y atrévase a defender sus propios derechos humanos. Una vez logrado ésto podrá moverse hacia una sola dirección -- hacia ADELANTE.

¿CONOCE "SU DEBER" PARA CONSIGO MISMO?

¿Posee verdadero sentido de lo que es usted, espiritualmente?

¿QUE PIENSA HACER CON SU VIDA?

¿Comprende que usted y únicamente usted es responsable del bienestar y desarrollo de la vida que Dios le dió? ¿Está satisfecho y orgulloso del progreso que a ella le ha permitido?

SI AL CONJURO DE UNA VARA MAGICA

le fuera posible ser o hacer lo que escogiera ¿qué querría? ¿Cuáles son los caminos que considera mejores para llevarle a la consumación de sus deseos? ¿Necesita acaso mejorar su vida espiritual, y tener así más valor para enfrentar los obstáculos?

CAPITULO XXIII