Judge Lawrence Huerta: Enriching Our Lives
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Enriquezca Su Vida

Por C. Lorenzo Huerta
©1968.

CAPITULO VI:
"SIETE ANGELES BENEFACTORES"

"Los pensamientos inducen al propósito; los propósitos producen acciones; las acciones forman hábitos; los hábitos deciden el carácter y el carácter determina nuestro destino."
--TRYON EDWARDS

Existen siete ángeles benefactores y siete demonios del fracaso. Los ángeles bienhechores son: Fe, Entusiasmo, Valor, Optimismo, Lealtad, Ambición y Concentración. Los siete contrapartes son: Duda, Inercia, Temor, Mortificación, Envidia, Demora e Indiferencia.

Si conquistamos los primeros, automáticamente habremos vencido los segundos. Vamos haciendo un detallado análisis de esos ángeles de bendición.

¿Qué es la fe? -- "Fe, es la substancia de cosas esperadas, la evidencia de cosas que no son vistas" -- (Biblia, Hebreos XI, I.) Con suficiente fe, todas las cosas son posibles. Aquel quien poseyéndola cree poder hacer alguna cosa, ciertamente que lo podrá. Sólo cada quien puede darse a sí mismo este sentimiento de confidencia; sólo puede ser obtenida por uno mismo, por nadie más -- aún cuando haya quienes crean poder comprarle en una botella. En uno de mis poemas favorites de Edward Arlington Robinson, el poeta Americano hace este punto mucho más llano. El poema es "Miniver Cheevy" , cuya debilidad y falta de fe en él mismo, causáronle la necesidad de buscar escape en una botella, ya que solamente así lograba producirse una fe adecuada, transportándose por medio de alucinaciones alcohólicas, a un magnífico hecho del pasado. Dice así:

Miniver Cheevy nació muy tarde.
Rascóse la cabeza y quedóse pensando;
Miniver tosió ... llamólo destino
Y continuó bebiendo.
- Stanza 8

Quien no tenga que depender de un par de muletos para caminar, encuentra que la cosa indiscutiblemente necesaria y productiva actualmente, aquí y ahora -- es FE; fe en uno mismo. André Gide, un contemporáneo escritor francés, cuyo trabajo estaba dedicado principalmente a la examinacíon de problemas de libertad y responsabilidad personal, escribió: "Lo que otro pueda hacer tan bien como tú -- no lo hagas; lo que pueda decir tan bien como tú -- no lo digas; escribit tan bien como tú -- no lo escribas. Mantente lleno de fe en aquello que exista dentro de ti -- y entonces, hazte indispensable a ti mismo."

Esa propensidad hacia la fe individual, ya sea en uno mismo o en el prójimo, parece ser la tradición que produjera nuestra sociedad Demócrata Americana. Una astuta observación de ésto fué hecha antes de 1850 por Alexis de Tocqueville, otro francés quien fué comisionado en aquel tiempo para estudiar los sistemas de prisión de nuestro país. Durante su estancia en él hizo objeto de extensa observación todas las fases de la vida Americana. Como resultado de esas observaciones, después escribió en su Democracia en América ; "Ellos (los Americanos) tienen toda una viviente fe en la perfección del hombre. Juzgan que la difusión del conocimiento debe necesariamente ser ventajosa y las consecuencias de la ignorancia, fatales; todos ellos consideran a la sociedad como un cuerpo en estado de progreso; a la humanidad como una escena cambiante, en la cual nada es o debe ser permanente; y admiten que lo que para ellos parezca bueno hoy, puede ser desvalorizado mañana, por algo mejor." No permitámos que se pierda esta escencia vital de nuestra herencia Americana.

Es posible que alberguémos temores, pero entonces, tanto como ello dure, adherámonos con más tenacidad a este sentimiento de fe profunda. Como Minerva, la Diosa de la Sabiduría, brotara floreciente de la ceja de su padre, el altísimo Zeus -- el entusiasmo brotará de esa fe.

El muy amado filósofo Americano, Emerson, escribió en una de sus muy conocidas obras: "Nunca nada grande fué alcanzado sin entusiasmo." El entusiasmo es el don de poder excitarnos en la percepción de nuestro objetivo, nuestra meta. Debemos adquirir este don y vivir con él cada momento de cada día -- hacerlo parte de nuestra vida. El demonio de la inercia es quien persuade al hombre a dejar para mañana aquello que muy bien podría hacerse hoy. Siempre se encuentra una excusa razonable para no proceder inmediatamente a clarear las cosas: el temor a no estar en lo correcto, o a ser motivo de burlas ajenas; pero recuerde, es mejor haber jugado y haber perdido, a no haberlo hecho. Nunca permita que la llama de su entusiasmo comience a extinguirse.

El valor, por supuesto, es natural consecuencia del entusiasmo. Valor "ES," simplemente, el arma con que debe prevenirse del viejo demonio del temor. Valor es la capacidad de permitirle a su fe y entusiasmo obrar en provecho suyo. ¡ Sea usted mismo! ¡ Planée sus metas! ¡Llévelas a cabo! El ingenioso caracter, Pudd'nhead Wilson, creación de Mark Twain, dijo: "Valor es resistencia al temor -- dominio del temor ... no ausencia del temor."

Puede estar seguro que el temor le ensombrecerá siempre, pero tenga cuidado, no permita que le extrangule.

Una de las más acertadas descripciones que he encontrado acerca del valor, fué la dada por Louis Adamis, un escritor Americano inmigrante. Esta es su descripción: "Hay una cierta mezcla de valor, integridad, carácter y principio, el cual no tiene nombre satisfactorio en el diccionario, sino que ha sido llamado de diferentes formas, en diferentes paises y tiempos. Nosotros los Americanos le llamamos 'guts'.

El valor eleva al optimismo, que es uno de los principales requisites para el éxito. Optimismo significa pensar y actuar siempre positivamente. Nunca se permita sucumbir al tormento. Una pequeña mortificación suede multiplicarse en millones de larvas que corrompan el cimiento del progreso. Cuando pienso en lo referente al optimismo, siempre recuerdo un pequeño poema de McLanburgh Wilson, el cual sin notarlo debo haber memorizado hace años:

Entre el optimista y el pesimista
La diferencia es graciosa;
El optimista vé la rosquilla
El pesimista ... vé el agujero.

La lealtad es absolutamente imperiosa para su causa. Debe permanecerse siempre fiel a los ideales; y his habilidades, tanto al servicio a la obtención de esos ideales como al ingenio innato que yace en los escondidos descansos de su alma.

Si malgasta sus preciosas energías envidiando las cualidades que ve en otros, se está chapuceando las posibilidades de desarrollar sus propias cualidades, las cuales son tambien buenas -- y en muchas ocasiones hasta mejores. Nunca se permita el demonio de la envidia. Permanezca siempre leal a aquello existente en su interior, que es intrínsecamente bueno y que sólo espera ser extraído por usted .

La historia infiere que ambición es una palabra vil. No lo creo así; unicamente cuando hacemos mal uso de ella -- (y se ha hecho así tantas veces) -- es un demonio. Pero guiada a lo largo del curso correcto, puede servir bien y es necesaria para el éxito.

Un joven muchacho polaco inmigrê a Marsella, donde ingresó a la Marina Mercante. Perseguía altos ideales y con el tiempo llegó a ser capitán de barco. Su más alta ambición era ser escritor y tras haberse establecido en Inglaterra y adoptado el nombre inglés de Joseph Conrad, alcanzó su aspiración, siendo un sobresaliente escritor de novelas de aventuras. Esta ambiciosa persona, fué la misma quien escribió ésto en el Prefacio de Un Record Personal : "Todas las ambiciones son lícitas, excepto aquellas que trepan por medio de las miserias o credulidades del género humano."

El contraste de la ambición es la demora. No caiga víctima de ella. El Dr. Paul Parker escribió: "Millones de personas, a través del mundo, pasan su vida como derrotas porque han caído presas de la demora y deciden esperar. Siempre esperar el tiempo que sea justamente bueno para empezar a hacer algo que ellos ya saben que es bueno, que merece la pena y debería ser hecho de una vez. No lo dilate. El tiempo nunca estará justamente bueno. El único período de tiempo en que debemos actuar en ello es ahora mismo. Empieze hoy, comienze ahí mismo donde se encuentra y trabaje con cuales sean los implementos que ahora tenga a la mano."

Persiga sus ambiciones honradamente. Charles Dickens, el novelista inglés, enfrentó tremendas diferencias, pero conquistó los ángeles de fe y como resultado vino a ser uno de los primerísimos novelistas Ingleses y líder de reformas sociales. Llevó ésto a cabo, según él dijo, a través de severa y completa concentratión y así es como lo expresara: "Sea lo que fuere que haya probado a hacer en mi vida, he tratado de hacerlo bien. Con todo mi corazón me he consagrádo completamente. En grandes y pequeños objetivos, siempre he sido un ansioso enteramente." Tambien usted puede alcanzar sus ideales, pero disciplínese - no comienze a ser víctima de la indiferencia. ¡Concéntrese!

Empéñese en adquirir esos ángeles de fe. Será bendecido por cada uno de ellos; obtendrá sus más grandes deseos; conquistará. Haga un inventario diario de sus conquistas:

  1. ¿He mantenido hoy, profunda fe en mis capacidades?
  2. ¿Me he sentido entusiasmado en lo concerniente a mis posibilidades?
  3. ¿He mostrado valor, ayudando con medios a mis ideas?
  4. ¿He hecho un aproximamiento optimista hacia mi hazaña, el día de hoy?
  5. ¿Soy leal a mis propias cualidades?
  6. ¿He expuesto suficiente ambición, para poder hacer posible el éxito?
  7. ¿Me he concentrado en ESO importante que señalé para efectuar hoy?

¿ASPIRA A VIVIR UNA VIDA MEJOR?

¿Intenta adquirir los ángeles de fé? ¿Cuán profunda es la fe que tiene en usted mismo? ¿ESPERA, ENTUSIASMADO, LOGRAR SU.

TRIUNFO?

¿Qué significado tiene, realmente, el triunfo para usted? Específicamente, personalmente.

¿HA APRENDIDO A CONCENTRARSE DEBIDAMENTE?

¿Qué porcentaje de lealtad para su YO interior posée? ¿Puede, honradamente, decir que ha estado utilizando complemente su activo o facultad?

¿QUE CLASE DE PENSAMIENTOS CONCIBE?

¿Son éstos salulables, positivos? ¿Pensamientos de fe, esperanza, valor y prosperidad?

CAPITULO VII