Judge Lawrence Huerta: Enriching Our Lives
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Enriquezca Su Vida

Por C. Lorenzo Huerta
©1968.

CAPITULO IX:
"EL RESPLANDOR DE LA SALUD"

"La salud es un regalo; pero se tiene que trabajar para conservarle."
-- HUBBARD

Verdaderamente rara es la persona que haya llegado a la adolescencia o temprana adultez, sin haber sufrido de una o más enfermedades serias. Comunmente es razonado que este sufrimiento físico es suficiente para hacer nacer en el individuo una urgencia tenaz por alcanzar y mantener un cuerpo fisicamente sano. Cuando preguntamos a alguien qué busca en la vida, la respuesta invariablemente incluirá una buena salud; es natural ya que ello es de antemano indispensable para la felicidad, ¿acaso es posible que alguien goze de sus hazañas, de sus adquisiciones y éxito, sintiéndose martirizado por el dolor o extremo malestar físico? Ahora bien, cierto es que hay personas quienes parecen tener un malsano y caprichoso deseo de desperdiciar su vida en padecimientos físicos -- o la menos en obligar a otros a escuchar acerca de lo que ellos imaginan que sufren. Pero esas personas no pertenecen al grupo de los que merecen ser admirados, tomados en consideración; de los que saludables mentalmente y deseando gozar la vida en toda su plenitud, ignoran un pasajero dolor de cabeza e inteligentemente restan importancia al de un diente o estómago, porque comprenden que ésto les privaría del legítimo placer que persiguen. A los "voluntariamente" sufridores los discutiré después, al presente deseo dirigirme a quienes disfrutando actualmente de una buena salud, desean seguir conservándola.

Permaneciendo al nivel del sentido común, sabemos, sin buscar consejo médico, que nuestro cuerpo nos dará muy bien servicio, si le mantenemos propiamente alimentado, le damos un descanso debido y conservamos nuestros músculos y órganos en buen estado, es decir, ejercicio adecuado. Estos son los factores básicos, aunque yo agregaría uno más por considerarle de bastante importancia para nuestro bienestar -- el respirar apropiadamente.

En los recientes años, hemos sido duramente bombardeados por los expertos en nutrición, tratando de orientarnos en cuanto a los hábitos del comer. Casi cada materia comestible ha sido disecada, analizada y categorizada estadísticamente tocante a sus vitaminas, calorías y utilidad para el cuerpo humano. No puede decirse que todo ésto no es dádiva para el provecho a la salud civilizada, pero ¿cuantas veces ha deleitado usted una comida teniendo esos factores en la primerísima línea en su pensamiento? Admito que nos guste el comer -- es cual debe ser, sin embargo, nuestra inteligencia debería intervenir en este importantísimo asunto.

El hábito del comer, en las personas, es desarrollado culturalmente. Para la mayoría de los Americanos, una comida será incompleta si no hay en ella y patatas. En nuestra cultura Mexicana la vianda principal, tradicionalmente ha sido frijoles y tortilla. He invertido gran parte de mi tiempo en considerar y examinar el valor en la alimentación en algunas otras culturas -- y usted ¿lo ha hecho en alguna ocasión?

Deberíamos de comprender que al ir envejeciendo es prudente comer menos, pero raramente nos detenemos a considerar este detalle; que si nuestro cuerpo se ejercita menos, lógico es que menos alimento sea requerido.

El comer, claro está, es un hábito individual y cada persona debe de decidir por sí misma, qué es lo mejor para ella. Yo sugeriría, para un buen mantenimiento físico, que un individuo pese a la edad de viente años, -- a menos que esté en demasía sobre o bajo lo normal -- debería pesar a la edad de cuarenta o cincuenta. Es necesario corroborar pues, que la cantidad de alimentos que debemos consumir empieze a ser menor con el paso de los años. Deberíamos, cada quien, proporcionarnos alimentos variados y ocasionalmente, deleitar un rico y espléndido postre; naturalmente que entre menos frecuente sea el consumo de estas delicias, más sabroso y deleitoso será su sabor al tomarlo.

El comer, desafortunadamente, ha convertídose en pasatiempo social. Si sinceramente está tratando de descubrir un sano hábito del comer, debería procurar evitar estos eventos, que en realidad, sólo son bacanales para el diente. Aunque hoy es difícil encontrar a alguien quien en verdad, realmente esté muriendo de inanición por verdadera necesidad, al ver a nuestro alrededor, podemos encontrar infinidad de personas rollizas pero enfermas. No soy experto en dietética, pero me atrevería a asegurar que lo que estas personas sufren es desnutrición; y no me asombra, porque rápidamente hemos venido a ser una civilización sustentada por "Alimento preparado," "listo para comerse" y de "precios razonables." Algunos hay que han sido procesados de tal manera que no sería menos que milagroso, encontrar alguna cosa de real valor, que hubiese sido dejado en ellos. Analizémos por ejemplo, esa suave y esponjosa pieza de pan blanco, marcado "enriquecido" -- si, claro, lo han "enriquecido" despues de haberle extraído toda onza de valor alimenticio. Remueven la cáscara del trigo y la parte más nutritiva -- el gérmen -- lo blanquean y agregan "vitamina artificial" (no de la producida por la naturaleza) y orgullosamente lo etiquetan "enriquecido." ¡Cuán inocentes somos los mortales! Lo compramos, sin sospechar que adquirimos sólo un paquete de algodón y alimentamos a nuestra familia con esta felpa señalada como "altamente nutritiva."

El cuerpo saludable reproduce constantemente nuevas células; y ésto lo logra por medio de lo que adquiere en la alimentación. ¿Hemos de admirarnos, entonces, porqué existen tantos dolores, tanta falta de inmunidad a los virus infecciosos y tantas válvulas del corazón sobrecargadas y que no pueden más pompear efectivamente? ¡Cuántos niños regordetes lucen enfermizos! Estos son los alimentados cada mañana con su buen plato de cereal frágil y crujidor, con su muy alto contenido de almidón y que es anunciado en la televisión en los programas de niños. Si para usted es un tesoro su salud, instigue un boicot individual contra esa "basura" que ha invadido el mercado. Su cuerpo se lo agradecerá, dándole un margen de vida mejor y un término bastante más largo que el de su vecino, el alimentado con su "desperdicio"altamente procesado.

¿Quiere sentirse completamente libre, para perseguir sus grandes deseos en la vida? No podrá y usted lo sabe, si está encadenado a alguna enfermedad física deteriorando su cuerpo. Nunca permita el llegar a ser un esclavo de su físico. Es él el sirviente de su alma -- su ser interior más grande. Este intelecto superior es quien debe ser siempre el Amo y Señor. Significa ésto pues, que debe usarse la prudencia y buen juicio al seleccionar los alimentos para el cuerpo -- cuánto, cuando y qué clase. Nunca sea lo suficientemente goloso como para sentarse y comer, simplemente porque la comida es un placer que ha sido invitado a deleitar. Ante todo ¡protéjase! Pregúntese si en verdad siente hambre; de ser así, la comida que se le ofrece ¿es la clase que su cuerpo puede utilizar para su provecho? Si lo es, siéntese y saboréela, pero si no lo es, ¡váyase! -- perderá calorías en el acto de caminar y muchas más al rehusar tomar lo que no necesita, pero le será de beneficio; su cuerpo lo bendecirá por tal acción y será su fiel servidor.

¡Cuántos son embaucados por el hecho de que por sentirse bien hoy, ¿porqué han de privarse de lo que es llamativo y apetitoso a la vista?! El cuerpo no produce nunca una rápida e inmediata reacción a una mal proveída nutrición. Su proceso es lento y continuo. ¿Ha notado cómo gradualmente suben de peso algunas personas? Bien, es semejante lo que pasa cuando se está chapuceando al cuerpo de una buena nutrición y bombardeándole con alimentos "procesados"; habrá transcurrido bastante tiempo, antes que llegue la alarma que le ponga en sobreaviso de que aquellas células vigorosas que una vez fueron observadas ahí no han estado reproduciéndose. Estará en serio conflicto una vez que ha llegado a esta situación; y el camino de regreso será bien largo. Estará obligadamente restringido, entonces, a comer unicamente lo seleccionado para su provecho.

Al llevar a cabo la resolución de readquirir la buena salud que una vez gozó, encontrará más dificil este camino de retorno que si trata de conservarla al presente.

Así que, si tiene buena salud -- Presérvela; si no la tiene y la desea -- búsquela, la encontrará . . . pero sea paciente. A quienes la han perdido junto con el ánimo de procurarla -- les ofrezco mis condolencias. A ellos como a sus familiares.

DIOS LE HA DOTADO DE INTELIGENCIA

¿Hace uso de ella, en la selección de alimentos para el provecho de su cuerpo? ¿o glotonamente engulle cuanto encuentra?

¿RAZONA SERIAMENTE RESPECTO A SU BUENA SALUD?

¿Da a su cuerpo ejercicio y descanso apropiados? ¿tiene el buen sentido de acompañar a estos con un descanso mental?

DE POSEER BUENA SALUD AL PRESENTE

¿Está dispuesto, antes que nada, a conservarla? ¿Cómo? ¿renunciaría por ello, a lo que le agrada y deleita, pero que comprende le es perjudicial?

DE HABERLA PERDIDO

¿Está dispuesto a luchar por adquirirla de nuevo?¿aún cuando ésto signifique una dura disciplina en sus hábitos actuales?

CAPITULO X